29 de julio de 2019: Día del Sobregiro de la Tierra

Los recursos naturales son la base para el desarrollo de todos los países del mundo, indistintamente de su ubicación geográfica o del tamaño de su superficie. Muchos de ellos han perdido con los años la capacidad de abastecer la demanda de recursos de sus poblaciones, por lo que actualmente dependen de la importación de materiales para satisfacer sus necesidades alimentarias, energéticas, de movilidad y vivienda, etc. Pero, ¿cuál es el problema detrás del agotamiento de los recursos naturales?

La extracción y el procesamiento de los bienes y servicios que la naturaleza puede ofrecer, genera un impacto sobre el planeta, el cual está relacionado de forma directa con los hábitos de consumo, los ingresos económicos, el tamaño de la población, etc. Este impacto se puede medir a través de la huella ecológica, la cual determina la superficie de tierra y agua ecológicamente productiva (biocapacidad) necesaria para producir todos los recursos que un ser humano o población consume a lo largo de su vida, así como la necesaria para asimilar los residuos que se generan como resultado de dicho consumo; su unidad de medida es la hectárea global (hag). Cuando la demanda de recursos (huella ecológica) supera la capacidad de estos para regenerarse (biocapacidad), se considera un estado de déficit ecológico (Ministerio del Ambiente, 2018).

El déficit ecológico del planeta quedó en evidencia por primera vez en 1970, cuando los científicos demostraron que dos días antes de finalizar el año, la humanidad ya había consumido todos los recursos que la tierra podía generar para satisfacer la demanda anual (Global Footprint Network, 2019). Este fenómeno adoptó el nombre de “Día del Sobregiro de la Tierra”, y desde entonces, cada año esta fecha se anticipa más.

La demanda de recursos a la que la humanidad se ha acogido, no ha hecho más que agravarse con el transcurso de los años, a tal punto que el Día del Sobregiro de la Tierra en 2019 es hoy, 29 de julio, la fecha más temprana en la historia de la humanidad (GFN, 2019). Es decir, en tan solo siete meses hemos consumido todo el presupuesto de recursos naturales que los ecosistemas del planeta son capaces de generar para todo el año, lo que implica que a partir de este día estaremos viviendo “a crédito”, utilizando los recursos de generaciones futuras y transformando nuestro patrón de extracción y consumo en uno insostenible.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2019), en los últimos 50 años la población mundial se ha duplicado, consecuentemente, la extracción anual de materiales aumentó de 27 mil millones de toneladas en 1970, a 92 mil millones de toneladas hasta el año 2017. Este ritmo de extracción y procesamiento desmesurado es el causante de aproximadamente la mitad de las emisiones mundiales totales de gases de efecto invernadero, más del 90% de la pérdida de biodiversidad y el estrés hídrico. Además, se prevé que para el año 2060 la tendencia aumente hasta en un 110%, lo que reducirá de forma drástica la superficie de bosques y traerá graves consecuencias para el cambio climático.

Un estudio de la organización Global Footprint Network (2019), analizó cuántos planetas Tierra serían necesarios si la población mundial viviera con el patrón de consumo de países específicos. Los resultados van desde extremos como Estados Unidos y Australia, en cuyos casos requeriríamos 5.0 y 4.1 planetas, respectivamente, hasta India, que nos haría precisar de 0.7 planetas para subsistir. India es el segundo país más poblado del mundo, su número de habitantes supera al de Estados Unidos por aproximadamente 1000 millones de personas (Organización de las Naciones Unidas, 2019). Esta comparación demuestra que el número de habitantes no es necesariamente la principal razón de la sobreexplotación de los ecosistemas, sino más bien sus hábitos de consumo.

El promedio de estos contrastes entre países desarrollados y en vías de desarrollo, hacen que actualmente la población total del mundo necesite de 1.75 planetas para suplir su demanda de recursos anual; puesto que estamos cortando madera 75% más rápido de lo que un árbol puede crecer, consumiendo alimentos en una cantidad mayor al tiempo en que se pueden producir, y enviando contaminantes al agua y a la atmósfera a una velocidad superior a la que pueden asimilar.

Por otro lado, la situación del Ecuador es un tanto diferente. Según los últimos datos consolidados del Ministerio del Ambiente (2013), la huella ecológica per cápita del país en ese año fue de 1.57 hag, mientras que su biocapacidad fue de 2.21 hag, lo que teóricamente indica que la demanda de recursos era significativamente menor a la oferta. Sin embargo, con el paso de los años se ha evidenciado una tendencia creciente de la huella ecológica y una disminución de la biocapacidad, lo que podría significar en el futuro que el país entre en un estado de déficit ecológico, esto, entre otras cosas, como consecuencia del modelo exportador que desde hace décadas se enfoca en enviar recursos hacia países con déficit ecológico, o lo que es igual, exportar su biocapacidad (Jiménez, Iñiguez, Cajamarca, Massa & Martínez, 2017).  

Si no revertimos esta tendencia mundial, continuaremos comprometiendo la capacidad regenerativa de los ecosistemas y los efectos serán cada vez más visibles. Es necesario implantar políticas y educar a las poblaciones en materia ambiental para cambiar los hábitos de consumo por otros que se acoplen a la biocapacidad de su entorno, incentivar el uso de energías renovables, el reciclaje, el ahorro de agua, el no desperdicio de alimentos, entre otros. Indistintamente de la situación de nuestro país, es deber de todos actuar en favor del planeta. Estamos viviendo en una cuenta regresiva y cada minuto cuenta.

Carla Risco V.

Y tú, ¿ya sabes cuántos planetas necesitaríamos si todo el mundo viviera como tú? ¿conoces cuál es tu día de sobregiro personal? Calcúlalo en el siguiente link: http://www.footprintcalculator.org/

Bibliografía:

1.   Global Footprint Network. (2019). El Día del Sobregiro de la Tierra 2019 es el 29 de julio, la fecha más temprana en la historia de la humanidad. Disponible en https://www.overshootday.org/newsroom/press-release-june-2019-spanish/ [Consultado 15-07-2019]

2.   Jiménez, J., Iñiguez, M. P., Cajamarca, D., Massa, P., & Martínez, V. A. (2017). Análisis de la huella ecológica del Ecuador: una comparación con América Latina, impacto en la biodiversidad y la incidencia del desarrollo turístico sostenible. Modelos Matemáticos para el Estudio del Medio Ambiente, Salud y Desarrollo Humano. Tomo 3, 16, 179-187.

3.   Ministerio del Ambiente. (2013). Reporte de la Huella Ecológica Nacional y Sectorial del Ecuador - Año 2013. Disponible en http://huella-ecologica.ambiente.gob.ec/huella_nacional.php [Consultado 15-07-2019]

4.   Ministerio del Ambiente. (2018). 01 de agosto, Día Mundial del Sobregiro Ecológico. Disponible en http://www.ambiente.gob.ec/01-de-agosto-dia-mundial-del-sobregiro-ecologico/ [Consultado 16-07-2019]

5.   Organización de las Naciones Unidas. (2019). Una población en crecimiento. Disponible en https://www.un.org/es/sections/issues-depth/population/index.html [Consultado 18-07-2019]

6.   Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. (2019). La ONU pide un replanteamiento económico urgente por el aumento acelerado de la explotación de recursos. Disponible en https://www.unenvironment.org/es/news-and-stories/comunicado-de-prensa/la-onu-pide-un-replanteamiento-economico-urgente-por-el [Consultado 15-07-2019]

¿Vamos por buen camino?

Ecuador dentro de su proceso de adecuación al acuerdo de París sobre Cambio Climático se comprometió a reducir sus emisiones de carbono en un 20,9% y presentar una “guía para las acciones de adaptación y mitigación que realice el país en el período 2020 – 2025” (El Telégrafo, 2019). Resulta fundamental difundir esta guía para que todos los actores de la sociedad puedan analizarla, y poder ver en base a que medidas se pretende reducir las emisiones de carbono, el impacto que esto generaría en la economía con relación al PIB teniendo en cuenta la realidad actual del país.

Reduciendo el ámbito de acción a la ciudad de Guayaquil para hacerla una ciudad mejor preparada para condiciones ambientales extremas, nos encontramos dentro del discurso para la Alcaldía con propuestas bastante alentadoras de candidatos a esta dignidad, entregando un mensaje sobre el ambiente y Guayaquil, los efectos del cambio climático, perspectivas de crecimiento para buscar alternativas reales que contribuyan a tener una ciudad resiliente.

Por lo general, cuando el clima extremo -como una temporada invernal prolongada y elevada a nivel del fenómeno de “El Niño”- golpea, escuchamos un reclamo generalizado en Guayaquil por sus ya notorias inundaciones; sobre esa sospechosa mezcla entre la marea alta y la basura que obstruye los sistemas de alcantarillado. Sin embargo, estos reclamos aparte de caducos resultan ser ineficaces para ayudar a las víctimas de estos eventos, eso sin contar que a estas alturas del año (julio) ya nos olvidamos del tema.

El calentamiento global es real y producto del abuso de recursos por el ser humano, pero los argumentos a favor de medidas cada vez mas drásticas generalmente ignoran la realidad de que estas son enormemente costosas y por lo general con mínimo impacto. El monto de la inversión sobre las alternativas propuestas supera significativamente el costo que el daño climático causaría, esto aterrizado a la realidad de nuestro país, con presupuestos bastante ajustados hacen que lo que se propone para la ciudad y el país resulte inviable.

Es por eso que resulta necesario estudiar, debatir y aplicar las teorías expuestas por el Premio Nobel de Economía, William D. Nordhaus, que resalta las medidas que se deben tomar, para no realizar recortes tan drásticos dentro del aparato productivo como para mermar el desarrollo mientras tratamos de minimizar el impacto del cambio climático en la sociedad, y que según el Secretario de la Real Academia Sueca Gorän K. Hansson mediante estos estudios se están “brindando alternativas para un crecimiento sostenible en el largo plazo dentro de la economía global y el bienestar de la población mundial”.

Reducir la emisión de carbono es una forma ineficaz de reducir el impacto de los efectos del cambio climático, sobre todo de las inundaciones en Guayaquil. Incluso si realizamos reducciones de carbono profundas y poco realistas, los impactos del clima solo se podrán medir en 50 a 100 años y hoy por hoy solo pueden reducir el aumento de la temperatura, no detenerlo o revertirlo. Tratar de ayudar a las futuras víctimas de inundaciones mediante la reducción de emisiones es esencialmente una forma muy costosa y poco eficiente de hacer una pequeña cantidad de bien en un futuro lejano.

Pero hay maneras sensatas y eficientes de generar soluciones; cuando el fenómeno de “El Niño” golpeó la costa del Pacífico sobre todo en las áreas que abarcan países como Colombia, Ecuador y Perú, quedó claro que las soluciones mas sencillas como la preservación de áreas de conservación y manglares de las cuencas de los ríos habría ayudado a evitar inundaciones que resultan costosas.

Las llamadas acciones de adaptación, como el incentivo para el desarrollo de espacios y áreas verdes dentro de las ciudades dan como resultado directo que podemos estar mejor preparados para cualquier evento extremo producto del cambio climático que pueda surgir en nuestro camino.

Fomentar la capacidad adaptativa y desarrollar planes de mitigación de una ciudad es a menudo mucho más efectivo que las políticas climáticas que se hablan mucho más dentro del espectro público. En ese sentido hay varios estudios que determina que el daño al ambiente causado por factores sociales (como la migración interna) son mucho mas importantes que el causado por el CO2. Si se desarrollara una alternativa que detenga la emisión de CO2 por completo, aún se contaría con la fuerte migración desde áreas rurales hacia los centros urbanos, y esa cantidad de personas movilizándose en terrenos no adecuados los hace vulnerables, por lo que los efectos normales de lluvias y demás factores aún generarían los mismos daños que se generan hoy en día. Por otro lado, si el cambio climático no se detuviera, pero lográramos evitar que más personas se mudaran a lugares de alto riesgo, el impacto se mantendría en cifras manejables.

Además, cambiar el clima es increíblemente difícil, mientras que dar forma a la sociedad es relativamente fácil. Por lo tanto, la reducción del daño causado por las inundaciones se puede lograr de manera más efectiva y económica haciendo, educando e informando para que las comunidades vulnerables sean más resistentes ante los posibles estragos producto del cambio climático.

En todo caso, el plan para Guayaquil debería ser más amplio y articulado. El debate hoy por hoy se centra sobre la "protección contra el clima" a nivel mundial, pero aterrizándolo a nivel local lo ideal seria enfocarnos en como prepararnos para la llegada de cada invierno, es decir impulsar nuestra capacidad adaptativa incluyendo dentro de este plan, a las grandes áreas donde se ubican los principales asentamientos humanos desarrollados en las ultimas décadas.

Hay muchas formas inteligentes de fomentar la adaptación de la ciudad a la vez que atacas los problemas recurrentes como son las inundaciones y el efecto isla de calor; enfriar ciudades al ampliar espacios verdes, reducir el asfalto negro y el concreto que absorbe el calor a la vez que impermeabiliza la ciudad deben de estar dentro de la agenda de planificación de la ciudad.

Solo si se consideran más recursos cada año encaminados a la adaptación de la ciudad a su entorno, los costos derivados por la problemática del cambio climático podrían reducirse considerablemente. El número de personas inundadas en realidad disminuiría, y esto significaría liberar recursos para a su vez reinvertirlos en el desarrollo de los sectores “invisibilizados” de Guayaquil, pero ¿se esta hablando de este tema en la ciudad?, ¿Hay algún plan o espacio que considere e integre todas las propuestas que tanto el sector público, privado y las organizaciones sociales contribuyan con ideas?.

Paolo Solis L.

Guayaquil: La cuarta ciudad costera más vulnerable a los efectos del cambio climático

Guayaquil: La cuarta ciudad costera más vulnerable a los efectos del cambio climático

Con más de dos millones de habitantes, Guayaquil es la ciudad más poblada y el mayor centro urbano del Ecuador; y uno de las más importantes de la costa del Océano Pacífico. Según el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) “Para el 2020 la ciudad contará con una población de 2 723 665 habitantes, lo que supone un crecimiento demográfico importante (4,6%), propiciado en gran medida por el gran dinamismo económico de la ciudad.” (CAF, 2017).

Propósitos para el 2019: Por un Guayaquil sostenible

Propósitos para el 2019: Por un Guayaquil sostenible

En este preciso momento, más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y este porcentaje tiende a incrementarse a medida que la población mundial crece descontroladamente. A pesar de ocupar solo el 2% del territorio mundial, las ciudades consumen la mayor parte del agua, producción agrícola, combustibles fósiles y materia prima del mundo. Así mismo, las ciudades son responsables del 70% de la producción total mundial de gases de efecto invernadero (ONU 2011). Por esta razón, hoy se comenta mucho acerca del desarrollo de ciudades sostenibles.