¿Vamos por buen camino?

Ecuador dentro de su proceso de adecuación al acuerdo de París sobre Cambio Climático se comprometió a reducir sus emisiones de carbono en un 20,9% y presentar una “guía para las acciones de adaptación y mitigación que realice el país en el período 2020 – 2025” (El Telégrafo, 2019). Resulta fundamental difundir esta guía para que todos los actores de la sociedad puedan analizarla, y poder ver en base a que medidas se pretende reducir las emisiones de carbono, el impacto que esto generaría en la economía con relación al PIB teniendo en cuenta la realidad actual del país.

Reduciendo el ámbito de acción a la ciudad de Guayaquil para hacerla una ciudad mejor preparada para condiciones ambientales extremas, nos encontramos dentro del discurso para la Alcaldía con propuestas bastante alentadoras de candidatos a esta dignidad, entregando un mensaje sobre el ambiente y Guayaquil, los efectos del cambio climático, perspectivas de crecimiento para buscar alternativas reales que contribuyan a tener una ciudad resiliente.

Por lo general, cuando el clima extremo -como una temporada invernal prolongada y elevada a nivel del fenómeno de “El Niño”- golpea, escuchamos un reclamo generalizado en Guayaquil por sus ya notorias inundaciones; sobre esa sospechosa mezcla entre la marea alta y la basura que obstruye los sistemas de alcantarillado. Sin embargo, estos reclamos aparte de caducos resultan ser ineficaces para ayudar a las víctimas de estos eventos, eso sin contar que a estas alturas del año (julio) ya nos olvidamos del tema.

El calentamiento global es real y producto del abuso de recursos por el ser humano, pero los argumentos a favor de medidas cada vez mas drásticas generalmente ignoran la realidad de que estas son enormemente costosas y por lo general con mínimo impacto. El monto de la inversión sobre las alternativas propuestas supera significativamente el costo que el daño climático causaría, esto aterrizado a la realidad de nuestro país, con presupuestos bastante ajustados hacen que lo que se propone para la ciudad y el país resulte inviable.

Es por eso que resulta necesario estudiar, debatir y aplicar las teorías expuestas por el Premio Nobel de Economía, William D. Nordhaus, que resalta las medidas que se deben tomar, para no realizar recortes tan drásticos dentro del aparato productivo como para mermar el desarrollo mientras tratamos de minimizar el impacto del cambio climático en la sociedad, y que según el Secretario de la Real Academia Sueca Gorän K. Hansson mediante estos estudios se están “brindando alternativas para un crecimiento sostenible en el largo plazo dentro de la economía global y el bienestar de la población mundial”.

Reducir la emisión de carbono es una forma ineficaz de reducir el impacto de los efectos del cambio climático, sobre todo de las inundaciones en Guayaquil. Incluso si realizamos reducciones de carbono profundas y poco realistas, los impactos del clima solo se podrán medir en 50 a 100 años y hoy por hoy solo pueden reducir el aumento de la temperatura, no detenerlo o revertirlo. Tratar de ayudar a las futuras víctimas de inundaciones mediante la reducción de emisiones es esencialmente una forma muy costosa y poco eficiente de hacer una pequeña cantidad de bien en un futuro lejano.

Pero hay maneras sensatas y eficientes de generar soluciones; cuando el fenómeno de “El Niño” golpeó la costa del Pacífico sobre todo en las áreas que abarcan países como Colombia, Ecuador y Perú, quedó claro que las soluciones mas sencillas como la preservación de áreas de conservación y manglares de las cuencas de los ríos habría ayudado a evitar inundaciones que resultan costosas.

Las llamadas acciones de adaptación, como el incentivo para el desarrollo de espacios y áreas verdes dentro de las ciudades dan como resultado directo que podemos estar mejor preparados para cualquier evento extremo producto del cambio climático que pueda surgir en nuestro camino.

Fomentar la capacidad adaptativa y desarrollar planes de mitigación de una ciudad es a menudo mucho más efectivo que las políticas climáticas que se hablan mucho más dentro del espectro público. En ese sentido hay varios estudios que determina que el daño al ambiente causado por factores sociales (como la migración interna) son mucho mas importantes que el causado por el CO2. Si se desarrollara una alternativa que detenga la emisión de CO2 por completo, aún se contaría con la fuerte migración desde áreas rurales hacia los centros urbanos, y esa cantidad de personas movilizándose en terrenos no adecuados los hace vulnerables, por lo que los efectos normales de lluvias y demás factores aún generarían los mismos daños que se generan hoy en día. Por otro lado, si el cambio climático no se detuviera, pero lográramos evitar que más personas se mudaran a lugares de alto riesgo, el impacto se mantendría en cifras manejables.

Además, cambiar el clima es increíblemente difícil, mientras que dar forma a la sociedad es relativamente fácil. Por lo tanto, la reducción del daño causado por las inundaciones se puede lograr de manera más efectiva y económica haciendo, educando e informando para que las comunidades vulnerables sean más resistentes ante los posibles estragos producto del cambio climático.

En todo caso, el plan para Guayaquil debería ser más amplio y articulado. El debate hoy por hoy se centra sobre la "protección contra el clima" a nivel mundial, pero aterrizándolo a nivel local lo ideal seria enfocarnos en como prepararnos para la llegada de cada invierno, es decir impulsar nuestra capacidad adaptativa incluyendo dentro de este plan, a las grandes áreas donde se ubican los principales asentamientos humanos desarrollados en las ultimas décadas.

Hay muchas formas inteligentes de fomentar la adaptación de la ciudad a la vez que atacas los problemas recurrentes como son las inundaciones y el efecto isla de calor; enfriar ciudades al ampliar espacios verdes, reducir el asfalto negro y el concreto que absorbe el calor a la vez que impermeabiliza la ciudad deben de estar dentro de la agenda de planificación de la ciudad.

Solo si se consideran más recursos cada año encaminados a la adaptación de la ciudad a su entorno, los costos derivados por la problemática del cambio climático podrían reducirse considerablemente. El número de personas inundadas en realidad disminuiría, y esto significaría liberar recursos para a su vez reinvertirlos en el desarrollo de los sectores “invisibilizados” de Guayaquil, pero ¿se esta hablando de este tema en la ciudad?, ¿Hay algún plan o espacio que considere e integre todas las propuestas que tanto el sector público, privado y las organizaciones sociales contribuyan con ideas?.

Paolo Solis L.